07 julio, 2008

Los espejos no escogen a quién mirar



"Se despertó. Tenía un aliento frío y pesado. Revisó entre sus olores para separar
sus sueños de sus realidades. Sí, eso no había sido un sueño. También la noche
anterior había sido demoledora, sexual, deletérea. Los pedazos de fluidos y
hormonas y los lívidos frescos de su cuello daban muestra: otra Ella había estado
ahí.
Todas las noches el mismo juego asombroso y escurridizo. Siempre la misma
historia de circo viejo. Noche de armonías corporales, de llantos, de alquimedeos
delirios sensuales. Mañanas de ausencias, recuerdos, partidas. Todas ellas escapaban
sin más a la llegada del alba. Por qué, era una pregunta impertinente. El porqué tal
vez esa persona lo sabía. Pero es que la mala fe te jode.
A su lado, la cama estaba olorosa y vacía. El olor de la última de las pasante era
seco, flexible, inhumano. Era algo así como el olor de flores secas y angelitos
pecadores. El olor de esa mujer era único, deseado, impermeable. Todos los llantos
de esa mañana casi lo ahogaron. Ahí estaba, ese olor, tempranero y dogmático. Ahí
estaba recordando todo lo que ya no estaba: sus manos, su vagina, el instante de
carne que colgaba en su oreja, su saliva, sus suspiros. Todo eso le faltaba.
El día pasó súbitamente entre segundos, minutos e instantes aburridos,
estúpidos. Llegada la noche, por fin la noche se encontró en una de las tantas
cervecerías de siempre y siempre. Esa de paredes negras y techo rojo de pintura de
aceite cuyos colores lo trastornaban después de la tercera cerveza. Pero qué otro
trastorno podía ser más grave que ese de sus noches acompañadas y sus mañanas
de despedida. Esa persona estaba buscando algo, estaba buscando algo más. Una
historia que no escapara. Algo serio. Un dogma que fundara toda su vida."


Los Espejos no escogen a quién mirar

Miguel Ángel Pérez Pirela

1 comentario:

Trinidad dijo...

niño hermoso qué lindo qué estés acá vos también . te quiero mucho.
que pedazo de cuento!!!
pasamelo enterito
muchos besos rojos diego