30 julio, 2008

Intimidad





Sé que el amor es un juego sucio; tienes que mancharte las manos. Si te mantienes a distancia, no sucede nada interesante. Además, debes encontrar la distancia adecuada entre las personas. Si están demasiado cerca, te aplastan; si están demasiado lejos, te abandonan.


Hanif Kureishi
Intimidad (fragmento)

25 julio, 2008



Yo no voy siempre solo al fondo de mi mismo
Sino que a veces llevo a otros seres conmigo.
Los que hayan entrado en mis frías cavernas,
¿Están seguros de salir aunque sólo un momento?
Yo acumulo en mi noche, como un barco que se hunde,
Sin distingo, el pasaje y la tripulación,
Y dejo a los ojos sin luz, y en los camarotes
Hago amistad con quienes gustan de lo profundo.


Jules Supervielle

20 julio, 2008



“Pido a tu lecho el sueño sin sueños ni tormentos
con que duermes después de tu engaño, extenuada,
tras el telón ignoto de los remordimientos ,
tú que, más que los muertos, sabes lo que es la nada”.



Stéphane Mallarmé.

17 julio, 2008

Hay que estar siempre ebrio


Hay que estar siempre ebrio. Todo consiste en eso; es la única cuestión. Para no sentir el peso horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua. Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como queráis. Pero embriagaos.Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de un foso, en la triste soledad de vuestro cuarto, os despertáis, disminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al viento, a las olas, a las estrellas, a los pájaros, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que gira, a todo lo que canta, a todo lo que habla, preguntadle qué hora es; y el viento, las olas, las estrellas, los pájaros, el reloj, os contestarán: ‘¡Es la hora de embriagarse!‘ Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, embriagaos; embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de virtud, como queráis.


Charles Baudelaire

11 julio, 2008

- 7 -



















Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes

a tus ojos oceánicos.


Allí se estira y arde en la más alta hoguera

mi soledad que da vueltas los brazos como un

náufrago.


Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes

que olean como el mar a la orilla de un faro.


Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía,

de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.


Inclinado en las tardes echo mis tristes redes

a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.


Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas

que centellean como mi alma cuando te amo.


Galopa la noche en su yegua sombría

desparramando espigas azules sobre el campo.



Veinte poemas de amor
Poema 7
Pablo Neruda

09 julio, 2008

Me tienes en tus manos




Me tienes en tus manos

y me lees lo mismo que un libro.

Sabes lo que yo ignoro

y me dices las cosas que no me digo.

Me aprendo en ti más que en mi mismo.

Eres como un milagro de todas horas,

como un dolor sin sitio.

Si no fueras mujer fueras mi amigo.

A veces quiero hablarte de mujeres

que a un lado tuyo persigo.

Eres como el perdón

y yo soy como tu hijo.

¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?

¡Qué distante te haces y qué ausente

cuando a la soledad te sacrifico!

Dulce como tu nombre, como un higo,

me esperas en tu amor hasta que arribo.

Tú eres como mi casa,

eres como mi muerte, amor mío.



Jaime Sabines



08 julio, 2008

Balada del ausente



"Entonces no me des un motivo por favor

No le des conciencia a la nostalgia,

La desesperación y el juego.

Pensarte y no verte

Sufrir en ti y no alzar mi grito

Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,

En lo único que puede ser

Enteramente pensado

Llamar sin voz porque

Dios dispuso

Que si Él tiene compromisos

Si Dios mismo le impide contestar

Con dos dedos el saludoCotidiano, nocturno, inevitable

Es necesario aceptar la soledad,

Confortarse hermanado

Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,

En cualquier regreso

En cualquier hora cambiable del crepúsculo

..."


07 julio, 2008

Los espejos no escogen a quién mirar



"Se despertó. Tenía un aliento frío y pesado. Revisó entre sus olores para separar
sus sueños de sus realidades. Sí, eso no había sido un sueño. También la noche
anterior había sido demoledora, sexual, deletérea. Los pedazos de fluidos y
hormonas y los lívidos frescos de su cuello daban muestra: otra Ella había estado
ahí.
Todas las noches el mismo juego asombroso y escurridizo. Siempre la misma
historia de circo viejo. Noche de armonías corporales, de llantos, de alquimedeos
delirios sensuales. Mañanas de ausencias, recuerdos, partidas. Todas ellas escapaban
sin más a la llegada del alba. Por qué, era una pregunta impertinente. El porqué tal
vez esa persona lo sabía. Pero es que la mala fe te jode.
A su lado, la cama estaba olorosa y vacía. El olor de la última de las pasante era
seco, flexible, inhumano. Era algo así como el olor de flores secas y angelitos
pecadores. El olor de esa mujer era único, deseado, impermeable. Todos los llantos
de esa mañana casi lo ahogaron. Ahí estaba, ese olor, tempranero y dogmático. Ahí
estaba recordando todo lo que ya no estaba: sus manos, su vagina, el instante de
carne que colgaba en su oreja, su saliva, sus suspiros. Todo eso le faltaba.
El día pasó súbitamente entre segundos, minutos e instantes aburridos,
estúpidos. Llegada la noche, por fin la noche se encontró en una de las tantas
cervecerías de siempre y siempre. Esa de paredes negras y techo rojo de pintura de
aceite cuyos colores lo trastornaban después de la tercera cerveza. Pero qué otro
trastorno podía ser más grave que ese de sus noches acompañadas y sus mañanas
de despedida. Esa persona estaba buscando algo, estaba buscando algo más. Una
historia que no escapara. Algo serio. Un dogma que fundara toda su vida."


Los Espejos no escogen a quién mirar

Miguel Ángel Pérez Pirela

06 julio, 2008

El poeta se...


"El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, - ¡y el supremo Sabio!- ¡Porque alcanza lo desconocido! ¡Porque se ha cultivado el alma, ya rica, más que ningún otro! Alcanza lo desconocido y, aunque, enloquecido, acabara perdiendo la inteligencia de sus visiones, ¡no dejaría de haberlas visto! Que reviente saltando hacia cosas inauditas o innombrables: ya vendrán otros horribles trabajadores; empezarán en los horizontes en que el otro se haya desplomado."





Carta de Rimbaud enviada a Paul Demeny

05 julio, 2008

Tejidos


Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También me llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ese fue el día en que empezó la suerte.Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores que nos van a pasar.)No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.



Tejidos

Eduardo Galeano

03 julio, 2008

Sueño para el Invierno

a ella...


En el invierno viajaremos en un vagón de tren con asientos azules. Seremos felices. Habrá un nido de besos oculto en los rincones. Cerrarán sus ojos para no ver los gestos en las últimas sombras, esos monstruos huidizos, multitudes oscuras de demonios y lobos.Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño... un beso muy pequeño como una araña suave correrá por tu cuello... Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara y tardaremos mucho en hallar esa araña, por demás indiscreta.






Arthur Rimbaud

02 julio, 2008

La voluntad de poder




¿Queréis un nombre para este mundo? ¿Una solución para todos los enigmas? ¿Una luz también para vosotros, los más ocultos, los más fuertes, los más impávidos, los más de media noche? ¡Este mundo es la voluntad de poder, y nada más! ¡Y también vosotros mismos sois esa voluntad de poder, y nada más!



La voluntad de poder
Nietzsche